Reducir tiempos de ejecución, mejorar la planificación, controlar de mejor manera los procesos y prepararse para una industria cada vez más tecnológica son algunas de las razones que están llevando a empresas constructoras a explorar nuevas formas de trabajar. Los casos de las constructoras Coiquen e IARS muestran cómo dos PYMES de Ñuble, desde puntos de partida distintos, están avanzando hacia la industrialización.
La industrialización de la construcción no necesariamente comienza con una fábrica, sistemas modulares o grandes inversiones en tecnología. Para una Pyme, el primer paso puede ser mucho más concreto: identificar dónde se están perdiendo tiempos y recursos, revisar qué procesos podrían ejecutarse de manera diferente y preparar a los equipos para una nueva forma de planificar y construir. En IARS, ese primer paso partió por algo simple: entender que ciertos procesos de faena y de bodega podían trabajarse en paralelo en lugar de uno a la vez, para acortar los tiempos de ejecución.
IARS y Coiquen se encuentran en etapas distintas: una ya ha incorporado cambios en instalaciones, procesos y herramientas; la otra está preparando capacidades, evaluando proveedores y definiendo cómo abordar una futura implementación. “La necesidad principal era disminuir tiempos y tener mayor fiscalización de los procesos constructivos de partidas importantes, con el fin de garantizar el trabajo que ofrecemos y anticiparnos a una posible posventa”, explica Ignacio Ruz, representante legal de Constructora IARS.
En Coiquen, la decisión de explorar la industrialización comenzó a consolidarse durante el último año, impulsada por la escasez y alta rotación de mano de obra calificada en la región, por el avance tecnológico del sector y por la necesidad de cumplir con las exigencias normativas y de plazos del Serviu. De ahí surgieron tres objetivos concretos: agilizar los tiempos de ejecución, estandarizar el control de calidad y ordenar la gestión de inventarios y costos para reducir pérdidas de material. A diferencia de IARS, la empresa todavía está en fase de diagnóstico, estudiando proveedores, analizando soluciones disponibles en el mercado y evaluando la viabilidad financiera antes de implementar sistemas en terreno, y reconoce abiertamente que hoy se encuentra en un nivel de madurez inicial frente a la industrialización.
Los puntos de partida son distintos, pero ambos procesos evidencian algo común: el cambio excede la incorporación de maquinaria o software, y requiere revisar la organización del trabajo. IARS ya ha debido adaptar instalaciones, habilitar espacios para maquinaria y capacitar a trabajadores de faena y equipos administrativos. En Coiquen, la brecha de competencias técnicas, la inversión inicial y la dificultad de capacitar personal sin detener las obras en curso son los factores que hoy retrasan la adopción.
Render proyecto edificio RukaPillan
Qué capacidades hay que construir
Más allá de la tecnología, ambas experiencias coinciden en que industrializar exige desarrollar capacidades nuevas dentro de la empresa, no solo comprarlas. En Coiquen distinguen tres frentes de trabajo. El primero es personas y conocimiento: capacitar a ingenieros y constructores en diseño para manufactura y ensamblaje (DfMA) y en metodologías digitales. El segundo es gestión: adaptar la planificación y la logística para coordinar la recepción de elementos prefabricados. Y el tercero es equipamiento: evaluar software de modelación y maquinaria de izaje adaptada a las nuevas tipologías constructivas.
En IARS ese mismo desafío se resolvió de forma más directa, capacitando en paralelo a trabajadores de faena y a los equipos administrativos y técnicos. “La mayor complejidad está en cambiar la mentalidad de los trabajadores que están acostumbrados a un sistema de trabajo totalmente distinto”, señala Ruz, la misma barrera cultural que Coiquen anticipa como uno de sus principales desafíos antes de ejecutar su primer piloto.
En ambas experiencias, la planificación aparece como uno de los cambios más relevantes. Industrializar implica trasladar decisiones que muchas veces se resuelven en terreno hacia etapas tempranas del proyecto. “En un sistema tradicional, parte de los problemas pueden terminar resolviéndose directamente en terreno a medida que avanza la obra. Una lógica industrializada exige anticiparse, coordinar especialidades, proveedores, materiales y procesos antes de comenzar a ejecutar”, plantea Nikole Bustos, encargada de administración de Constructora Coiquen.
Imagen 3d fachada principal modelo Ficus 2.0
Ninguna de las dos empresas dispone todavía de indicadores comparativos que permitan cuantificar resultados: IARS sigue implementando y programando cambios, y Coiquen se encuentra en etapa preliminar. Pero el solo hecho de evaluar la industrialización ya está modificando la manera de mirar los proyectos y la propia empresa. “Ya no nos vemos solo como constructores tradicionales en terreno, sino como futuros gestores de un ensamblaje eficiente”, resume Bustos sobre el cambio de mirada que ha significado el proceso puertas adentro.
En Coiquen, el equipo técnico ha comenzado a analizar planos tradicionales para identificar qué elementos podrían estandarizarse o modularizarse. “Hoy, bajo la mirada de la industrialización, entendemos que el 80% de los problemas deben resolverse tempranamente en la oficina técnica, coordinando de antemano con proveedores y diseñando soluciones estandarizadas antes de mover la primera piedra”, explica Bustos. Ese cumplimiento de plazos tiene, además, un destinatario concreto: buena parte de los proyectos de Coiquen corresponden a comités de vivienda social (DS-49) y familias de clase media (DS-1), para quienes entregar a tiempo y con menos fallas de postventa es, más que un estándar de gestión, un beneficio directo.
Esa anticipación requiere información precisa y ordenada, y ahí la digitalización aparece como soporte directo. “La digitalización va de la mano con la industrialización. Transformar una empresa digitalmente se hace necesario para llevar el orden requerido. Como ejemplo, el uso de BIM se hace necesario para ordenar y proyectar”, señala Ruz. Bustos coincide, en términos incluso más categóricos: “La digitalización es el motor indispensable de la industrialización; no pueden existir la una sin la otra”.
El desafío de industrializar desde Ñuble
El avance de ambas empresas también está condicionado por el entorno regional. En Ñuble, la mayoría de las obras civiles y de edificación siguen amarradas al método tradicional húmedo (ladrillo y hormigón in situ) y la cadena de suministro local de piezas prefabricadas avanzadas es todavía limitada, lo que obliga a depender de proveedores de otras regiones y encarece la logística para las pymes locales.
Ese contexto se traduce en una tensión que ambas empresas describen de forma distinta. Para Coiquen, dar el paso hacia la industrialización “nos posiciona como una empresa pionera y con visión de futuro en la región, lo cual es una ventaja competitiva para futuras licitaciones”, aunque el desafío es igual de grande: “la falta de mano de obra local que entienda estos sistemas, la escasez de proveedores regionales y el temor financiero que implica para una pyme asumir los costos de capacitación técnica”, admite Bustos. IARS, en un momento más avanzado de implementación, es más cauto: reconoce que todavía no ha logrado traducir la industrialización en una ventaja competitiva medible, más allá de los beneficios internos de orden y productividad.
Para acelerar la adopción en la región, Bustos identifica tres pilares pendientes: más oferta de capacitación técnica local, a través de centros de formación y universidades de Ñuble; subsidios e incentivos específicos de Corfo y Serviu que premien la velocidad y sostenibilidad de la industrialización; y el fortalecimiento de proveedores regionales de componentes, que hoy encarece la logística de traslado. Desde IARS, el diagnóstico apunta en una dirección similar: mientras los tiempos de aprobación de viviendas del Minvu sigan siendo altos y no existan incentivos concretos, será difícil masificar los métodos industrializados entre las pymes de la región.
Otro desafío está en la percepción del propio mercado. En la región, muchos clientes,incluso beneficiarios de subsidios estatales, todavía asocian erróneamente lo prefabricado o industrializado con menor calidad o soluciones de emergencia. Para Bustos, ese sesgo cultural es necesario abordarlo mostrando que la industrialización puede alcanzar estándares térmicos, estructurales y de terminaciones superiores a los de la construcción tradicional en terreno.
Pese a las barreras, ambas empresas proyectan seguir avanzando, aunque con focos distintos. IARS espera aumentar progresivamente sus procesos industrializados y mira a la robótica y la inteligencia artificial como palancas de productividad a futuro. Coiquen, en tanto, quiere primero terminar de capacitar a sus profesionales y supervisores, para luego desarrollar un proyecto piloto residencial, que consistirá en una vivienda particular o un conjunto menor DS-10, con muros panel o estructuras modulares de madera o acero, que le permita medir el impacto real en costos y tiempos antes de escalar. Entre las tecnologías que proyecta incorporar están BIM, plataformas ERP en la nube para la cadena de suministro y sistemas constructivos modulares como paneles SIP, metalcón industrializado o bloques de hormigón ligero.
Invitados a resumir en una frase qué ha significado este proceso, IARS lo condensa en una palabra: “Organización”. Para Coiquen, en cambio, es “el camino obligatorio para transformar nuestra constructora tradicional en una empresa eficiente, sostenible y con el estándar del futuro que la Región de Ñuble necesita”.
Cinco aprendizajes para una pyme que quiere dar el primer paso
1. Empezar por diagnosticar dónde se pierden tiempo, materiales o recursos, antes de evaluar cualquier tecnología o máquina. 2. Trasladar decisiones de terreno a la oficina técnica: coordinar especialidades, proveedores y materiales antes de ejecutar. 3. Invertir primero en personas, gestión y capacitación —no solo en equipamiento— antes de comprar maquinaria costosa. 4. Avanzar en escala menor y progresiva, apoyándose en redes como Fortalece Pyme o CTeC en lugar de partir en solitario. 5. No postergar la digitalización de la oficina técnica por falta de tiempo o presupuesto: “no es un lujo para las grandes empresas, sino una herramienta de supervivencia urgente para las pymes constructoras”, resume Bustos.
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