- Digitalizar no significa comprar un software ni transformar la empresa de un día para otro. Significa identificar dónde se pierde tiempo, información y recursos, y usar la tecnología para hacer esos procesos más simples, conectados y eficientes. Un recorrido con cifras nacionales y evidencia regional para entender por qué avanzar y por dónde partir.
La productividad laboral de la construcción chilena lleva más de tres décadas estancada. El estudio de Matrix Consulting encargado por la Cámara Chilena de la Construcción estimó que, si el país alcanzara el potencial pleno de productividad del sector, podría generar cerca de US 13 mil millones adicionales del PIB, de los cuales US 7.500 corresponderían solo a edificación (Fuente: Matrix Consulting, «Impulsar la productividad de la industria de la Construcción en Chile a estándares mundiales», 2020). Los diagnósticos coinciden en tres frenos estructurales: baja digitalización, alta fragmentación entre etapas del proyecto y bajo nivel de especialización.
El escenario, sin embargo, muestra señales de movimiento. El Índice de Productividad Laboral de la Construcción (IPLC) para edificación en altura, presentado por la CChC y la CDT en diciembre de 2025, registró un crecimiento de 8% en productividad entre 2020 y 2025, junto con una disminución de 7% en la generación de residuos en el mismo período. En paralelo, la Hoja de Ruta BIM presentada por la CChC en septiembre de 2024 fijó como meta alcanzar un 70% de adopción de BIM en Chile para 2028 (Fuentes: Observatorio de Productividad CChC-CDT, IPLC edificación en altura, presentación diciembre 2025; Hoja de Ruta BIM CChC, septiembre 2024).
¿Qué significa digitalizar una empresa constructora?
Uno de los errores más frecuentes es pensar la transformación digital como la simple incorporación de un software o una plataforma. La tecnología es parte del proceso, pero no necesariamente el punto de partida. Digitalizar implica revisar cómo trabaja la empresa, identificar qué procesos pueden hacerse de manera más eficiente y utilizar herramientas digitales para mejorar la forma en que se genera, almacena, comparte y utiliza la información.
En la práctica, esto puede tomar formas muy distintas según el tamaño de la empresa, su nivel de madurez y el problema que necesita resolver: puede ir desde reemplazar un registro manual de inventario por un sistema digital, hasta implementar metodologías como BIM, pasando por la centralización de documentación, la automatización de reportes o la incorporación de herramientas de analítica e inteligencia artificial.
Cinco preguntas para diagnosticar el punto de partida
Antes de elegir una herramienta, conviene mirar el proceso. Estas cinco preguntas ayudan a establecer prioridades y a evitar la trampa de invertir en tecnología que no resuelve un problema real:
1. ¿Dónde se producen los errores más costosos o más frecuentes?
2. ¿Qué tarea consume desproporcionadamente el tiempo del equipo?
3. ¿Qué información cuesta encontrar cuando se necesita para tomar una decisión?
4. ¿Qué procesos siguen dependiendo de registros manuales o de una sola persona?
5. ¿Qué datos serían útiles tener disponibles y hoy simplemente no se recogen?
Las respuestas rara vez apuntan a la misma solución. Una empresa puede descubrir que su principal necesidad está en ordenar el inventario; otra, en controlar mejor sus proyectos; otra puede necesitar centralizar documentación o visualizar datos con mayor claridad. Para algunas el siguiente paso podrá ser incorporar analítica o inteligencia artificial; para otras, dejar atrás una planilla Excel dispersa entre cinco versiones.
El punto de partida de Ñuble
Esta realidad se ha observado también en la región. Según un estudio elaborado por CTEC para el Programa de Difusión Tecnológica “Construye Ñuble 4.0” en el año 2024, las empresas participantes mostraron niveles de madurez tecnológica aún incipientes, con resultados cercanos al 12% en ámbitos como BIM y sustentabilidad, y del 13% en industrialización.
Más allá de las cifras, el desafío es cómo avanzar desde ese punto. Para una pyme concentrada en responder a las exigencias cotidianas de su operación, la transformación digital puede parecer una tarea adicional. Sin embargo, puede ocurrir exactamente lo contrario: digitalizarse no debería sumar carga, sino usar la tecnología para reducir parte de ella.
Los beneficios dependen del punto de partida, pero hay ganancias que se repiten. La primera es tiempo: automatizar tareas repetitivas y acceder a información centralizada permite que los equipos se concentren en actividades de mayor valor. La segunda es control de la información: trabajar con datos actualizados y accesibles reduce el riesgo de decidir con antecedentes incompletos. La tercera es coordinación: contar con información compartida entre oficina, terreno, proveedores y especialidades facilita anticipar problemas en vez de resolverlos en obra. Y la cuarta es visibilidad sobre costos, plazos y recursos, lo que permite detectar desviaciones antes de que se transformen en pérdidas.
Digitalizarse no consiste en incorporar tecnología por incorporarla. Se trata de utilizarla para trabajar mejor, disponer de mejor información y liberar capacidades para concentrarse en aquello que sí hace crecer el negocio. Para una Pyme que todavía no sabe qué tecnología necesita, quizás esa no sea aún la pregunta correcta. La primera es más simple: ¿qué necesita mejorar?