Sostenibilidad y construcción industrializada en madera

Artículo escrito por Frane Zilic, Director Polomadera, Universidad de Concepción

Es evidente el impacto que el ser humano tiene sobre el planeta y, para sostener el crecimiento y desarrollo, hay que aplicar el concepto de sostenibilidad con urgencia a todas las actividades.

La industria de la construcción presenta los peores resultados en prácticamente todos los indicadores, tanto económicos, como sociales y ambientales. Productividad, seguridad, empleabilidad femenina, atracción de talentos, uso de materias primas, desechos, digitalización y emisiones de CO2 son algunos de los aspectos, en los cuales esta industria no es capaz de seguir el paso de la economía global.

La importancia económica del sector construcción, la creciente presión ambiental y social y el retraso con respecto a otras industrias, son el caldo de cultivo ideal para que se gesten iniciativas disruptivas. En un mercado abierto y globalizado, es aún más difícil saber cómo va a ocurrir este cambio radical, pero quizás ayude un análisis de las exigencias actuales y las posibilidades que existen para satisfacerlas.

Desde un punto de vista ambiental, la exigencia apunta a que la edificación sea de bajo impacto y reciclable, así como sana y segura, y desde un punto de vista económico, la construcción debe ser durable y adaptable. Estas exigencias tienen que ser compatibles además, con la viabilidad comercial y productiva de la solución, para todos los actores de la cadena.

Para estructurar una edificación en una zona sísmica como Chile, existen actualmente sólo tres posibilidades: acero, hormigón y madera. De estos tres, la madera es el único material que cumple con todos los criterios, dado que es renovable, carbono negativa y biodegradable. Además, es la más reciclable, térmicamente la más aislante, y la que menos energía requiere para su manufactura y puesta en obra.

Para generar un ambiente sano, nuevamente la madera es la única que regula naturalmente la humedad relativa del aire, con menos reverberación acústica, y reduciendo el nivel de estrés de sus habitantes. Desde un punto de vista estructural, los tres materiales presentan prácticamente las mismas prestaciones, incluso en edificación de altura, con casos construidos en madera de 18 pisos y otro en construcción de 25 pisos.

Respecto a la protección contra incendio, existe una idea equivocada del desempeño de la madera. Si se intenta hacer una fogata con un tronco, no se puede, sin embargo si se hace con astillas, sí funciona. Cuando se trabaja con madera de grandes dimensiones, se logra un comportamiento al fuego muy superior al de los otros materiales, mientras que en pequeñas dimensiones, es necesario diseñar con más cuidado para poder generar una construcción segura. Por lo tanto, es un problema de diseño y no de material.

Para la durabilidad a corto y mediano plazo, existen soluciones que evitan la pudrición y el ataque de insectos, pero es a largo plazo donde la madera presenta ventajas. La posibilidad de reparación y de adaptación, son aspectos esenciales para lograr durabilidad por sobre 30 años, y es ahí donde la madera es más trabajable y modificable que las otras alternativas.

Por el lado de la compatibilidad productiva, la industria de la madera ofrece, a nivel internacional, productos y servicios mucho más avanzados y asequibles. Hace más de 25 años que se vienen desarrollando programas computacionales especializados para hacer cálculo y BIM en madera, y que además están vinculados con herramientas de manufactura automatizada, con CNC de seis ejes y más, permitiendo más precisión, velocidad y libertad. En los últimos 15 años se ha desarrollado también toda la oferta de conectores, cintas, membranas y herramientas especializadas para dar una solución integral a toda la industria.

La industrialización de la construcción en madera no solamente es más fácil, más barata, más rápida y de mejor calidad, sino que es la única que presenta una hipótesis de sostenibilidad integral.

Si se quiere aprovechar este material en Chile, como una oportunidad de generar valor agregado, empleo y desarrollo socialmente distribuido, se necesita atacar con fuerza ciertos aspectos que aún tienen retraso. Para ello, hay que definir el perfil de competencias que debe tener un carpintero, actualizar los conocimientos de los profesionales y frenar las malas prácticas que desprestigian el material. También se necesita actualizar regularmente las normativas nacionales, para darle un espacio a este material, y aumentar las exigencias de las edificaciones y generar ciudades más sanas.

Lo anterior, ya está sucediendo, o empezando a suceder en Chile, pero se debe trabajar más rápido, puesto que el desafío, la urgencia y el riesgo son muy grandes.